martes, 14 de abril de 2015

DE VIAJE CON SANTA TERESA DE JESUS (Por Isabel de Bloteau) 
Primer Premio de la 3ª categoría del Certamen Literario "Mio Cid"
IX Semana Cultural Colegio Monte Tabor.  

 
El otro día, en clase de historia, la señorita Pérez, siempre tan risueña y amable, contó a los niños lo que tenían que hacer:

-       Como estáis estudiando la Edad Moderna, vais a realizar unos trabajos sobre personajes de la época. Podéis elegir vosotros las parejas.
Todo el mundo corrió a ponerse con su mejor amigo, y cómo no, Paula y Javier se pusieron juntos.
La profesora les dijo a cada pareja qué personaje iban a hacer. A Paula y a Javier les tocó Santa Teresa de Jesús.
-       Para buscar información, os dejaré bajar a la sala de ordenadores – dijo la profesora.
Algunos niños se quedaron en clase para repartirse el trabajo y otros bajaron a buscar información.
Mientras se dirigían a la sala de ordenadores, Javier y Paula, que venían de entregar unos papeles a un profesor, se encontraron la vieja puerta de madera, que siempre estaba cerrada, abierta. Los dos niños se extrañaron mucho al verla abierta y se preguntaron qué habría dentro de la sala. Y como a los dos les picaba la curiosidad, no dudaron en entrar.
La sala era pequeña y poco luminosa, pues no había ventanas, el techo tenía alguna que otra telaraña, y en el centro de aquella pequeña habitación había una mesa, y sobre la mesa un ordenador.
Los niños se quedaron asombrados, pues no se esperaban aquello.
-       Bueno, tenemos lo que queríamos, un ordenador, ya podemos ponernos a trabajar – dijo Javier.
-       No me parece muy buena idea, no podemos estar aquí – replicó Paula.
Mientras tanto, Javier, que ya había encendido el ordenador, estaba buscando en Google: “Santa Teresa de Jesús”. Al pulsar la tecla “intro”, todo se desvaneció y se encontraron en frente de un edificio de piedra con ventanales, varias campanas y, en lo alto del edificio, una pequeña cruz. Los dos niños no podían creérselo, ¡ya no estaban en la sala de antes! ¡Se habían trasladado de lugar!
-       ¡Guau!, Nos hemos teletransportado, ¿dónde estaremos? – preguntó Javier fascinado.
-       Convento de San José – leyó Paula en un cartel - ¡Javier, estamos en Ávila!
-       Y este convento lo fundó Santa Teresa – añadió éste.
-       ¿Te das cuenta?, cuando tú tecleaste “Santa Teresa de Jesús”, el ordenador nos llevó al convento que fundó Santa Teresa.  Entonces, ¡el ordenador te transporta al lugar que buscas! ¡Eso nos servirá para hacer el trabajo de historia! – exclamó Paula.
-       Pues entonces, ¿a qué esperamos?, ¡entremos!
-       ¡Sí!
Y, tal como habían dicho, entraron en el convento. Los dos niños se quedaron asombrados de lo bonito y luminoso que era. Allí vieron a unas monjas y les pidieron que les contaran cosas sobre Teresa de Jesús.
-       Si queréis conocer más sobre Teresa, ¿por qué no se lo preguntáis a ella?
-       Pero, si Santa Teresa ya falleció – dijo Javier.
-       ¡Qué me dices! ¡Si está ahí mismo! – dijo una de las monjitas señalado una pequeña capilla.
-       Disculpe, ¿me podría decir en qué año estamos? – preguntó Paula.
-       En 1.562, ¿qué ocurre, es que no sois de aquí?
Los niños se miraron asombrados
-       No, no pasa nada – respondió Paula, que no quería decir nada de lo que había ocurrido.
-       Bueno, muchas gracias, vamos a hablar con Teresa – dijo Javier mientras agarraba a Paula del brazo.
Javier y Paula salieron de la estancia.
-       Paula, ¡estamos en 1.562!
-       ¿Y qué pasa con eso? – preguntó Paula.
-       ¡Que qué pasa con eso! ¡Que hemos viajado 500 años al pasado! – gritó Javier.
-       Bueno, bueno calma, vamos a hablar con Santa Teresa y después ya veremos – contestó Paula.
Y así pues, se dirigieron a la capillita a ver a la santa. Como no querían interrumpir su oración, estuvieron rezando y, después de rezar, como ella seguía orando, decidieron esperarla fuera. No esperaron durante mucho rato, porque a los cinco minutos Santa Teresa salió. Los niños la llamaron.
-       Teresa – la llamaron Javier y Paula.
-       ¿Qué queréis niños?
-       Que…querríamos que nos contases un poco de tu vida – dijeron los niños avergonzados.
-       ¿Por qué queréis saber cosas sobre mí? – preguntó la santa extrañada.
-       Pues verás, nosotros no somos de esta época.
-       No os entiendo, ¿cómo que no sois de esta época? – dijo aún más extrañada.
-       No nos creerás, pero nosotros venimos de 2.015. Teníamos que hacer un trabajo sobre ti y tu vida, pero al escribir tu nombre en el ordenador, artilugio que no conocerás, nos ha llevado hasta aquí. Entiendo si no te lo crees – dijo Paula desconsolada.
-       Claro que me lo creo, hay que creer en los milagros del Señor. ¿Acaso Él no realizó muchos?
-       Entonces, ¿nos ayudarás? – preguntó Pedro.
-       Pues claro – afirmó Teresa.
Entonces, los tres se dirigieron a una sala del convento.
-       Bueno, decidme, ¿qué tipo de cosas queréis saber sobre mí? – preguntó Santa Teresa.
-       No sé, cuándo naciste, tu infancia, tu vida como monja…
-       De acuerdo. Yo nací el 28 de marzo de 1.515. Éramos diez hermanos y dos hermanastros y me bautizaron el cuatro de abril del mismo año. Recuerdo que desde muy pequeña me interesaba mucho la vida de los santos y, una vez, hasta me escapé con mi hermano Rodrigo para convertirnos en mártires en tierra de moros. Mi madre falleció en 1.528, entonces yo tenía trece años. Por desgracia, en 1.527 sufrí una enfermedad muy grave pero gracias a Dios me recuperé. Yo deseaba ser monja, y el dos de noviembre de 1.533 entré en el convento de la Encarnación y allí profesé el día tres de noviembre de 1.534. Mi padre murió en 1.544. Tras entrar en el convento, mi salud empeoró, pero en 1.539 recuperé la salud gracias a la intercesión de San José.  En este año, 1.562, he fundado este convento, el convento de San José. Y esto es todo lo que os puedo contar sobre mi vida…

Javier y Paula, que la habían estado escuchando muy atentamente se asombraron de la vida de aquella santa. Le dieron las gracias y se despidieron de ella, porque ya tenían que volver al colegio. Allí añadieron a su trabajo de historia nuevos datos, como que en los últimos veinte años fundó otros dieciséis conventos (en Medina del Campo, en Malagón, en Valladolid, en Toledo, en Pastrana, en Salamanca, en Alba de Tormes, en Segovia, en Beas de Segura, en Sevilla, en Caravaca de la Cruz, en Villanueva de la Jara, en Palencia, en Soria, en Granada y en Burgos), y que el quince de octubre de 1.582 murió en brazos de Ana de San Bartolomé.

Los dos niños sacaron un diez en su trabajo y supieron más sobre la vida de Santa Teresa de Jesús.


           

lunes, 13 de abril de 2015

LA VIDA DE LEONOR MARTÍNEZ (Por Almudena Arbex Abollado)
Finalista de la 2ª categoría del Certamen Literario "Mio Cid"
IX Semana Cultural Colegio Monte Tabor.



En el siglo XVI hace 500 años nació una niña llamada Leonor. Creció y creció hasta llegar a tener  10 años. Leonor lo tenía todo: dinero, belleza, simpatía... Lo único que no tenía del todo era fe cristiana. Ella no iba a misa todos los domingos ni días de precepto, a pesar de que sus padres se lo dijeran muchísimas veces. Ella como tenía todo: ropa, juguetes,accesorios para sus muñecas... Prefería quedarse en su casa.
 
            Un día su padre cayó muy enfermo, tan enfermo que le dijeron que no podían hacer nada, que moriría temprano. En el momento que le dijeron esto a Leonor, se fue a la capilla a rezar y le prometió a Jesús que cuando fuera mas mayor se haría monja si el curase a su padre. A  los pocos días estaba jugando con su hija en el jardín.

            Después de 5 años se fue a un convento llamado: “La Encarnación”.
            Su compañera de habitación se llamaba Sor Teresa. A ninguna de las dos le apasionaba la oración. Mientras el resto de hermanas oraban, ellas se quedaban hablando en la habitación. Un día en la hora de oración fueron a entrar en la habitación y Teresa vió la cruz con Jesús que tenía sobre su cama. Siempre la habían visto, cada vez que entraban por esa puerta, pero esta vez tenía algo diferente. De el costado de Jesús salía mas sangre, sus heridas eran más profundas y Jesucristo cada vez estaba mas triste.                                                              Teresa, que había leído muchos libros sobre apariciones, sabía que Jesús estaba presente. En ese momento dijeron a la vez:

            -Jesús, ¿Quien te ha hecho esto? -dijeron preocupadas.

            -Vosotras, al saltaros el tiempo de oración,vuestro corazón se hace más pequeño y eso hace sufrir al mío.

            Ellas en el acto fueron a la iglesia del convento. Para no distraerse cada una se puso en un extremo y comenzaron a hacer oración. Teresa miraba disimuladamente a Leonor y veía que sonreía y pensaba para sí: ¿Como alguien que esta todo el día y la noche encerrada en la iglesia podía ser tan feliz?
            Al sentarse en el banco, sin querer, se había sentado en su preciado evangelio. Abrió el libro por la primera página del nuevo testamento. Se imaginaba que estaba en el nacimiento de Jesús, en un pobre pesebre, adorando al Hijo de Dios. Jesús vestía en pañales y en un una cuna hecha de paja reía y pedía a los campesinos que le dieran unos brazos con los que contar.

            Después del tiempo de oración siempre le contaba Teresa a Leonor todas sus “aventuras con Dios”. Leonor era una dibujante estupenda y Teresa tenía una imaginación desbordante y escribía como una artista.
            Entonces Leonor dijo:

  -Podríamos hacer un libro con todos los hechos interesantes que nos han ocurrido gracias a Dios.-sugirió Leonor.

  -¿Podríamos poner lo de mi hermano Rodrigo y yo cuando eramos pequeños?-dijo Teresa.

  -¿Cual?-dijo Leonor.

  -Cuando tenía seis años, mi hermano y yo queríamos ser mártires y nos fuimos camino a la provincia donde estamos ahora, Ávila. Sabíamos seguramente que nos iban a matar, pero queríamos más a Dios que a nuestra vida . Pero al irnos mi tío, que nos vió de camino nos mandó de vuelta a casa.-dijo Teresa.
            Esa noche estuvieron preparando todos los puntos importantes: la portada, la ilustración, la letra,  y la historia.
            Pero no llegaron a hacer el libro porque Teresa cayó muy enferma. Rezaron juntas hasta el día siguiente y al tercer día Teresa estuvo curada. Después, este hecho se escribió, mas todo lo que habían planeado antes. Al final todo el mundo quería el libro tanto que a Leonor y Teresa le llegaron a dar nueve mil millones de ducados entre todos los pueblerinos. La prima de Teresa, que estuvo ocho años en el mismo convento que Teresa le animó a hacer más conventos. Esta idea le apasionó a Teresa y esta se la contó a Leonor. Juntas hicieron diecisiete conventos. El más conocido “las carmelitas descalzas”.
            Cuando Teresa murió, Leonor dijo que Teresa tenía todo el mérito de los libros. Por eso ahora los libros de santa Teresa se conocen como El libro de santa Teresa y no como El libro de santa Teresa de Jesús y Leonor Martínez.